Conferencia en el Museo Histórico Militar


Conferencia «Isbilya y el fin del imperio almohade (1248): historia de un asedio por tierra, mar/río» a cargo de Marcos Pacheco Morales-Padrón

Lugar: Museo Histórico Militar, Plaza de España, Acceso por Avda. Gran Capitán.
Organizan: Museo Histórico Militar de Sevilla y Ateneo Hispalense e Iberoamericano.

A las 20:00 horas. ACCESO LIBRE HASTA CUBRIR AFORO.

La conferencia seguirá una hoja de ruta marcada, como punto de partida, por la batalla de las Navas de Tolosa (1212). Es tras este enfrentamiento campal cuando Fernando III, aprovechando la desintegración política y psicológica del imperio almohade, inicia una serie de campañas a lo largo del valle del Guadalquivir. Sus tropas primero le llevarían a tomar Jaén (1230) y luego Córdoba (1236), para una vez ensayados bloqueos y razias, cercar Sevilla (1248).
Capturada la antaño capital del califato de al-Andalus, en 1246 el monarca castellano-leonés toma fortuitamente la extensa fortaleza de Alcalá de Guadaíra. Retirado de la vanguardia, Fernando III reunió a sus notables en Jaén para trazar su avance sobre la capital del Guadalquivir. Consciente de la necesidad de bloquear el río para evitar el aprovisionamiento y refuerzo del norte de África, hace llamar al alcalde de Burgos, Ramón Bonifaz, con la misión de que apreste, en tres meses, una flota con la que acuda a Sevilla.

En 1247 Fernando III se dedicará a envolver a la ciudad tomando las localidades del valle y sus inmediaciones. En agosto Bonifaz llegó a Sanlúcar, donde su flota de 13 a 15 robustas naos se las vieron con una flotilla de naves comandadas por tunecinos y ceutíes. La victoria castellana puso al Guadalquivir expedito. Llegaron cerca del castillo de Aznalfarache, donde fueron escoltados por los caballeros de la orden de Santiago.

Hasta enero de 1248 el monarca carecerá de tropas suficientes como para practicar un cerco eficaz. Sus esfuerzos se concentran en defender a las naves cántabras, que sufrirán las desesperadas embestidas de los sevillanos. Desde enero de 1248 los combates fluviales cesan con la victoria cristiana. En los siguientes meses, hasta mayo, los soldados congregados en Córdoba por su hijo, Alfonso X, marcharán río abajo en número de casi 10.000, entre aportaciones concejiles y nobiliarias. Finalmente, a Bonifaz se le encomienda la ruptura del puente de barcas de Triana, con el fin de quebrar la unión de la ciudad con el Aljarafe y su alfoz. Operación ejecutada el día 3 de mayo, quedó pues la ciudad incomunicada con la orilla contraria.

En los próximos meses la flota realizará patrullas para evitar el intercambio de víveres. Se intentará tomar la inexpugnable fortaleza de Triana (luego castillo de San Jorge o de la Inquisición), aunque de manera infructuosa. Lo mismo ocurrió con la del cerro de Aznalfarache, intacta desde la llegada castellana. Incluso se practicó un desembarco naval en el Arenal, pero rechazado por los defensores. 

El 22 de noviembre de 1248 Fernando III aceptó la cuarta proposición de rendición. Un mes después, sus tropas entrarían en la ciudad desde la puerta Real o de Goles. Desde entonces, y hasta la segunda mitad del siglo XVI, Sevilla se convierte en el puerto comercial y estratégico más importante de la corona castellana, vital para el control del estrecho.

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